lunes, 10 de enero de 2011

Recursos y Enlaces Coaching

Fuente: Men’s Health
Autor: Toni Ortí
Es periodista de la revista Men’s Health y de La Vanguardia Magazine. Es autor del libro Leyendas Urbanas.
Desde hace un tiempo, hasta tu abuela ha escuchado la palabra coaching. Tan de moda está que Siraj Bechich, fundador de “CoachSI”, reconoce tener clientes que se preparan mentalmente para ser “Ironman” e, incluso, delanteros centros que no marcan goles. Sin embargo, también hay hombres que encuentran amenazante la idea de una terapia psicológica y que piensan que el coaching es para gente débil que se deja lavar el cerebro. ¿Quién lleva razón?
En realidad, depende. Si las cosas te van bien y sabes arreglártelas solo, no necesitas ningún coach. Pero también eso es relativo, pues Barack Obama, Andre Agassi, Frank Rijkaard y Bill Clinton tienen coach y no se puede decir de ellos que sean los típicos piltrafillas. De hecho, la idea que se tiene de estos “entrenadores” es que trabajan con gente “rota”, cuando es justo al revés: sus clientes son tipos con las cosas muy claras.
“El objetivo final es que el cliente no necesite coach”, interviene Ana Salas, una prestigiosa life coach (consulta el recuadro “Tipos de coaching”), que apunta que esta técnica se puede aplicar a casi cualquier ámbito de la vida: encontrar pareja, adelgazar, cambiar de trabajo, proponerse un reto deportivo, reconectar con uno mismo… “El proceso no varía: lo primero es ser consciente de quién eres, qué quieres, qué te falta, cuáles son tus valores y qué te haría feliz. A partir de aquí, se trata de trazar un plan”, indica Salas.
“Cualquier objetivo es válido siempre que sea realista y que lo puedas conseguir en un tiempo razonable”, apunta Bechich. Un ejemplo de objetivo realista sería salir con una mujer guapa. En cambio, ligarse a Adriana Lima, pues va a ser que no. ¿Y si lo mío es ligarme sin parar a chicas guapas? Pues muy bien: el coach acepta tu forma de pensar y actuar sin emitir ningún juicio ni imponerte un tipo de comportamiento.
“Ganas autoestima”
Jordi Zarranz, 44 años. Gerente de una empresa familiar.
“En mi opinión, funciona. Yo, por ejemplo, he ganado autoestima y motivación para, entre otras cosas, adelgazar 34 kilos. Haciendo un símil musical, hasta hace poco mi vida era como un pentagrama en blanco en el que iba colocando notas aleatoriamente. Gracias al coaching he conseguido ordenar esas notas musicales hasta obtener una melodía armónica… de la cual soy compositor, director e intérprete”, cuenta sonriente.
De hecho, Jordi, que ahora pesa 105 kilos, se ha fijado como objetivo perder 30 kilos más y mantenerse “de por vida” (dice) en los 75. “En realidad, me ha servido para ratificar o rectificar cosas que ya sabía y para fijar el rumbo que quiero darle a mi vida”, explica.
“Es una cura de humildad”
Luis León, 46 años. Responsable de un bufete de abogados.
“El coaching funciona si tienes la tranquilidad necesaria para utilizar las herramientas y el conocimiento que te proporciona. En mi caso concreto, acostumbrado a dirigir personas, ha sido una cura de humildad, ya que he tenido que aparcar los posibles aires de superioridad que tenía al tener que trabajar en grupo”, reconoce Luis, que participa con otras 10 personas en un curso titulado “Lidera tu vida”, al que dedica un sábado al mes.
“El coaching me ha servido para ser más conciente de mi vida y también para reservarme un día en mi agenda en el que reflexionar sobre mí mismo”, concluye.
“Es un subidón de energía”
Alberto Vázquez, 30 años. Psicólogo.
“Yo soy un descreído. En mi opinión, todo lo que acaba en “ing” está sobrevalorado. No me extrañaría que, como leí el otro día en un foro de Internet, se acabe creando el “padring” para educar bien a los hijos, el “sexing” para aumentar el gustito de las parejas, o el “desempleing” o “paring” si de lo que se trata es de asesorar a los parados”, señala este psicólogo amante del alpinismo.
“Si queréis que os sea sincero, lo probé porque pensaba que los coaches hacían el mismo trabajo que cualquier psicólogo, pero cobrando más y sin estar cualificados. Después de haber hecho coaching en grupo he cambiado un poco de idea: siguen cobrando mucho, pero realmente consiguen que los participantes tengan un subidón de energía y crean en ellos mismos”.
“Ganas seguridad”
Cristina Herms, 21 años. Estudiante de Enfermería.
“Si te lo crees y lo aplicas, funciona”, dice esta estudiante de Enfermería (muy guapa, por cierto). “El coaching”, continua, “te da las herramientas necesarias para que analices tu situación, así como información muy útil sobre cómo afrontar la vida. En mi caso concreto, me ha dado la seguridad suficiente como para dejar de fumar”, dice.
“¿Qué objetivo me marco a corto plazo? De momento, perder los cinco kilos que he ganado después de dejar de fumar”, responde (en realidad, no le hace ninguna falta…). “A más largo plazo, me he propuesto ser feliz, profesional y sentimentalmente”, concluye.
“Evolucionas”
Diego Serrano, 29 años. Informático.
“En mi caso ha funcionado, y eso que era bastante exceptico. Pensaba que era un lavado de cerebro a la americana”, reconoce Diego desde Madrid.
“Lo que me pasó”, prosigue, “es que en la segunda sesión me di cuenta de que había cosas en mi vida que hacía por conveniencia, aunque no creyera en ellas”, explica. “Descubrirlo me ha llevado a dejar de trabajar con determinados clientes o en sectores que no me hacían feliz. Antes, en cambio, estaba cegado por la frase el cliente siempre tiene razón”, cuenta.
“He evolucionado hasta tal extremo que he cambiado la forma de relacionarme con mi familia. Antes callaba o acataba lo que decían los demás para no ser la voz discordante. Ahora, hago y digo lo que pienso”.
“Te atreves a arriesgar”
Silvia Marco, 37 años. Coach.
“Yo llegue a dudar del coaching, sobre todo porque tuve que dejar tanto atrás que tuve la sensación de saltar al vacío”, señala Sivia Marco, directora de la empresa de coaching “E-ntrena”. De hecho, Silvia tuvo que dejar un trabajo que le proporcionaba seguridad económica, además de poner en peligro su vida familiar, ya que dejó de trabajar con su marido y empezó a formarse los fines de semana.
“Según mi experiencia”, señala, “las personas que participan en un proceso de coaching entran con una armadura y un papel estudiado y salen siendo ellas mismas. Es más, tengo comprobado que muchos hombres no logran sus objetivos porque les falta valor o arrastran miedos que les llevan a buscar excusarse. Es decir, son capaces de conseguir lo que quieren pero prefieren no asumir riesgos”, revela esta coach madrileña.
“Sacas lo mejor de ti”
José M. García Covarrubios, 34 años. Gerente.
“Con el coaching pasa como con ir al gimnasio, te da palo, pero al acabar te sientes nuevo”, explica. “La cuestión es escuchar a tu corazón y sacar de dentro de ti a la persona que te gustaría ser. Yo tenía dos posibilidades: esperar a que las cosas cambiaran por si solas con el tiempo o tomar la iniciativa. No sé si con esto voy a conseguir lo que llevo en la cabeza, pero al menos tengo la conciencia tranquila”.