lunes, 18 de abril de 2011

Encuentro de Almas


Nunca llegué a saber de dónde era, ni nunca supe su nombre, no recuerdo cómo era su cara, sólo recuerdo que al mirarnos, me di cuenta de que sus ojos estaban tan llenos de lágrimas como los míos. Nunca supe si habíamos percibido algo o escuchado una canción u observado al mismo tiempo alguna situación. Sólo recuerdo que me miró y la miré, y nos encontramos asintiendo con la cabeza en señal de aprobación y reconocimiento. Y me alejé sabiendo que quizás nunca llegaría a saber de dónde era ni sabría su nombre, ni recordaría su cara. Sólo me quedaría con la dulce sensación del compartir algo común, con el hecho de reconocer y aceptar que existe una emoción humana que va más allá de idiomas, edades, creencias y fronteras, una emoción verdadera que nace espontáneamente y hace vibrar el alma.
Gracias SPL, 2011